Las sombras revelaron lo que nunca debería haber sido. Una guarida donde se unían los aspectos más viles del hombre.
De lo humano, sólo quedaba una señal. Un cuerpo marchando a los pasos de sus compañeros.
Nada más que una especie de basura, jadeante y perjudicial. Una marioneta al servicio del omnipotente, quien actúa sólo para proliferar insectos. De ahora en adelante, nada es más inhumano que considerar al hombre.

Esta guarida está dedicada a lo más espantoso, a la más abominable de las
peregrinaciones. Es un baluarte de desechos. Un feudo donde los parias germinan en la cara de la escoria. Para que las heridas sangren e infecten. Que la enfermedad se propague en drogas y alcohol.
Hermanas, hermanos: A sus jeringas...